Poema 003 · Capítulo I – Misiones y su gente
Garganta del diablo
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En las grandes aguas abrió su garganta.
Inmutable, el diablo, tragando la espuma,
transmutando el marrón, en blanca bruma,
rompiendo al río en quejosas bramuras.
De su boca salen dormidos vencejos ,
saludando al día y partiendo muy lejos.
Resguardan a sus crías en nidos complejos,
anclados en rocas pulidas como espejos.
Tucanes curiosos que vuelan atentos,
buscando los huevos en árboles huecos.
Compiten serpientes por llegar, violentas,
buscando pichones con andares lentos.
Pidiendo a los hombres, galletas caladas,
mendiga la urraca que va encopetada.
Sin miedo al regaño y, un tanto apuradas,
se lanzan en masa las descaradas.
De elegante plumaje, que envidia la gringa,
me mira cansada la yacutinga.
Sonrío, aliviado de su burlona envidia:
mi dulce terruño que aún respira.