Poema 011 · Capítulo II – Infancia, familia y mesa compartida
Cuando fuimos invencibles
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Como los peces del mar al río
o las golondrinas buscando abrigo,
te fuiste aquel día sombrío
para buscar tu destino.
Sabe Dios que no te has ido;
no se despiden los queridos.
La distancia no implica olvidos,
cuando has encontrado un amigo.
Atrás quedaron los inventos,
aquellos de cuando jugábamos:
tú, científico, y yo, ingeniero,
de artilugios imposibles y dibujos descartados.
La muralla fue testigo
Cuando, de piratas, asaltábamos
la fortaleza de aquel vecino,
de cartones recién pegados.
Travesuras desde niños:
de batallas en el patio,
terminando con pancitos
y apretones de manos.
Te pedí que no llevaras los recuerdos,
solo recuerdan los que se fueron.
Tan solo te sentiré cansado,
como cuando la tarde había terminado.