Poema 011 · Capítulo II – Infancia, familia y mesa compartida

Cuando fuimos invencibles

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Como los peces del mar al río o las golondrinas buscando abrigo, te fuiste aquel día sombrío para buscar tu destino. Sabe Dios que no te has ido; no se despiden los queridos. La distancia no implica olvidos, cuando has encontrado un amigo. Atrás quedaron los inventos, aquellos de cuando jugábamos: tú, científico, y yo, ingeniero, de artilugios imposibles y dibujos descartados. La muralla fue testigo Cuando, de piratas, asaltábamos la fortaleza de aquel vecino, de cartones recién pegados. Travesuras desde niños: de batallas en el patio, terminando con pancitos y apretones de manos. Te pedí que no llevaras los recuerdos, solo recuerdan los que se fueron. Tan solo te sentiré cansado, como cuando la tarde había terminado.

Escrito por: © 2026 Arnaldo Benítez