Poema 041 · Capítulo V – QUITA ESTACION: Dolor, fe y batallas del alma
El abrazo del tiempo
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Entre las cornisas gastadas por el viento,
se desliza el verano envuelto en tus dulces sueños.
Bandadas de ruiseñores te despiertan en un canto,
con la suave melodía de tu nuevo año.
Un rayo de sol se ha escondido en tu cuarto,
para salpicarte de vida, y de llantos.
Así encontrarás las risas, nacidas de tu encanto
escondiendo las lágrimas… sin preocuparte tanto.
Se escurre tu fragancia en fresca plenitud,
acompasando al tiempo arrinconado en el viejo patio.
Pues saben las rosas que han de tenerte envidia,
ancladas a los caprichos de tu dulce día.
Caracolas marinas te acercarán al mar,
con la noble excusa de enseñarte a amar.
Escribirás la tesis de tu corazón nadando en lo profundo,
sumergido en esperanzas, sin escolleras en lo oscuro.
Copa en mano y vino recorriendo mi sangre,
me indican las horas, ¡se va haciendo tarde!
Nunca muere una flor sin sus semillas en el campo,
y no se irá tu día sin el calor de este dulce abrazo.