1) El poema

Cada poema fue escrito por mí, a mano y en borradores sucesivos. Trabajo el ritmo y la musicalidad como si fuese una respiración: el verso tiene que sostenerse solo, incluso en silencio.

2) La música

Para acompañar cada poema, compuse una atmósfera sonora usando herramientas de generación musical (Producer.ai) y luego realicé ajustes manuales: duración, intensidad y clima. La música no reemplaza al texto: lo abraza.

Nota: cuando uso IA, la uso como instrumento; la decisión artística final es humana.

3) La ilustración

Las imágenes fueron creadas para “situar” al lector en la escena emocional del poema. Busqué una estética coherente para impresión y para pantalla, evitando oscuridades que se pierdan en papel.

4) El QR y la lectura expandida

En la edición impresa, cada poema tiene un código QR que lleva a su página: allí podés escuchar la música y ver la ilustración. Es una lectura aumentada: el libro sigue siendo libro, pero con una puerta extra.

5) Por qué lo hice así

Porque hay poemas que piden silencio… y otros que piden música. Quise que el lector pueda elegir: leer en calma o escuchar el clima que me acompañó al escribir.