Poema 006 · Capítulo I – Misiones y su gente
El navegante caído
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Me fui, dejando al soñador artificial,
al navegante caído de mi cuadra;
coleccionando a los perros, que le ladran,
cuando pasa frente a las casas.
Nunca nadie se permitió
preguntarle si tuvo un amigo;
porque apenas se ve que ha vivido,
lejano a la realidad que ha perdido.
Muchos quisieron ayudarlo,
pero la noche se encargó de ocultarlo.
Malandros se rifaron su presente
en papeles fraccionados de muerte.
Deambulaba, zombi, por las calles,
ofreciendo siempre un oficio fantasma.
El pueblo sabía, en el fondo del alma,
que su dinero se iba en derivas y resacas.
Realidad perdida del joven linyera,
caído del mapa y de quien nadie se entera.
Se marchó un buen día, llevándose su vida,
sin las manos humanas que el pueblo le debía