Poema 009 · Capítulo I – Misiones y su gente
Las noches de Misiones
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Anochece en la fresca espesura,
invitando a las aves a dormir con premura.
El pálido sol enrojeciendo con fuerza
marcando la tierra, un tanto difusa.
Con venados en el poniente,
vigila el tigre, afilando sus dientes.
Se sube, camuflado, al pindó torcido.
Esperando, agazapado, su salto temido.
Más entrada la noche, un grito fantasma:
el urutaú, cantando como con asma,
asustando al guaraní dormido,
por retorcidas historias y tan dolido.
Los duendes, reteniendo a los colonos,
porque saben que en las noches manejan los tronos.
Temerosos de salir por el campo,
guarnecidos y ocultos junto el fuego santo.
Solo la brisa se escucha allá afuera,
como un susurro de la selva que espera.
Se sienten seguros en torno a la hoguera,
haciendo un reviro en olla tumbera.
¡Qué vida tan agreste la de los campesinos!
Duermen temprano y casi sin destino,
tapados de frío y por sus miedos,
rogando por el día y cruzando los dedos.