Poema 016 · Capítulo II – Infancia, familia y mesa compartida

Nueve lunas

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Fueron nueve lunas en las que habías crecido, ansiedad dulce por verte en su vida. Con brillo en los ojos arropaba las batas contra su pecho, arrodillada junto a la cuna, imaginando cómo tú serías. Un susurro por las noches cada vez que te sentía, una sensación extraña cuando tu corazón latía. Al compás de la música que en ocasiones oías, aprendiste a bailar en su vientre, solo ella sabía. En aquellas tardes cuando el sol se perdía, escuchabas su voz tan suave y dulce como su vida. Con paciencia santa por verte caminar, toleró primero que nadie tu terquedad. El brillo en tus ojos, desgarrando llantos, fueron dolores calmos, cuando sentías sus brazos. Mujer pocas veces comprendida, que rasguña su alma cuando te encontraba una herida. Que desangra su corazón colmándote de amor, cuando sin saberlo, hace suyo tu dolor. Tantas palabras arrojadas al viento, que fueron consejos encapsulados en tus sueños. Tanta sabiduría contenida en crepúsculo de vida, no alcanzaría mil libros para describir su hidalguía. Hoy desde la niñez perdida y de alegría contenida, atesoras sus arropos, abrazos y dulces caricias

Escrito por: © 2026 Arnaldo Benítez